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quién será que dijo y lo diría
en noches de tumbos mientras la roca gira
aquello del amor entre algunos
que su mirada sostienen pese a todo

quién que inventara ese posible
que enjundia al loco humano y sus errores
entre guerra y poder
crueldad y turbia gentileza

qué rocinante lo llevara a clamar
al pie de un roquedal por lo ausente dulcinea
en medio de lo aldonza desmadrado
de toda perfección

acaso fui yo mismo y entresoñara
esta extensa galaxia desde vos
como gesto que fuera necesario
cuando iba hacia casa

fuera eso tal vez y repetiría
hasta donde cesa todo firmamento
de lo mucho que haber

lo repetiría sí como avaricia
del que roza su moneda de oro
mientras vienen los fríos
y enteros continentes resquebrajan

inventar el amor y su mentira
como aqueo caballo
que nos muera en la noche

que abra nuestro vientre en generoso
y lento acontecer mientras los sueños
en grito se despeñan

ningún sol hubo más bello
ni tan fría soledad
del que lo pierde

inventáramos el siglo que acontezca
bajo veloces astros sin rumbo
junto al fuego burlón
y todavía


 

 


érase el desplegado ejercicio del geranio
su deseo de extensión en gloria
un vertical color una manera
de partir de un tajo todo lo gris del mundo

érase el vaivén sensual del sauce
su tierno brote vivo vegetal
un modo de acatar la vida estableciendo
un principio de goce
la libertad de entresoñar muy propio al mundo

éranse los pájaros fugaces
los del canto en asombro y del quejido
los que buscan sin paz en la distancia
y trepan hasta estallar el propio pecho

érase un hombre en todo esto
su tirar los dados la engañifa
de un parlotear amor y retraerse
érase el poema de ese hombre
que si no fue por más
su sombra le devoraba la estatura

pudo trazar al aire
mano suelta
un dibujo su signo y la promesa
atroz
de mandar al desván
a cada sueño

érase lo que ocurrió
lo malversado
lo que pletórico amagaba
un océano y la pleamar
la moneda de oro
que perder del bolsillo

la desnudez trivial de la mañana
sin su rayo de sol
y el desamparo

 

 


se interna en el bosque tu vereda
y en un punto
en que las veloces estrellas se desprenden
de lo que fuera firmamento
todo se cierne en torno
el follaje pierde su madreselva
su glicina su orquídea salvaje
su hervor vegetal agreste y puro

allí y entonces el murmullo se encripta
la fatiga deja que el cuerpo ablande su presunción
cesa de nombres la memoria

una fruta tal vez
te desprendes

y no era cielo
lo oscuro

 

 

 

 

Para conocer a Carlos Alberto Roldán y su poesía, nada mejor que leer la contratapa de su libro POESIADA, donde Susana Santamarina nos cuenta:

La escritura de Carlos Roldán nos remite a su amplio registro de voces, propio no tanto del lingüista sino más bien del observador entusiasta de los mínimos gestos de cada individuo de la comunidad de que forma parte. Su trabajo de periodista, allá en la juventud, lo llevó a desarrollar un interés casi de arqueólogo por el habla e individuos de los estratos y comunidades más diversos. Hablar del mundo, para él, es hablar no tanto de los sujetos sociales: de las historias y angustias en que se encaman y lo pueblan. No son fantasmas los que nos rodean: son vidas en que la marca del desastre está siempre próxima, pero solamente se hace visible cuando nos afecta.
Los suyos son textos existenciales, con ese tono de desengaño o sueño desbaratado, con el desgarro de la construcción imposible de alguna quimera, alguna rosa. En los poemas, aparece la vida como épica, una gesta que se hace a diario, desde lo cotidiano, a partir de las cosas más nimias. Precisamente Poesíada implica la concepción de una lucha y un constituirse a través de la poesía.
Los textos parecen habitar al poeta, como si fuesen música, como si uno los hubiese escuchado antes y restara, simplemente, la trascripción al papel. Sus poemas a veces parecen surgir de esa música compuesta por la multitud y en que están jugados todos los roles y tragedias del género humano, vistos con amor y devoción con un dejo de dolida ironía.
La ausencia de signos de puntuación, el destaque de algunos versos en cursiva, que cierran algunos textos del poemario, permiten inferir la intención de replegarse sobre sí mismo, ya en retirada hacia un interior inagotable, y ofrenda al poema como objeto sígnico, con mucho de oral al que hay que encontrarle las claves, el modo en que se da, lleno de historia y recovecos.
Leer su poética me hace sentir que su voz viene de lejos, llena de resonancias, un poco como la memoria de lo ausente. Los suyos no son textos de lectura fácil, hay que volver una y otra vez sobre los mismos, tal vez encontremos la clave, el alma, de la que él no cree y habla tanto.


Susana Santamarina


biblioteca vientos contrarios


Ediciones El Escriba

CARLOS ALBERTO ROLDAN es moderador del grupo UTOPOESÍA: http://www.groups.yahoo.com/group/utopoesia y coordinador de los encuentros "Vientos Contrarios" que tienen lugar el segundo sábado de cada mes en Amicche (Av. Balbín y Los Geranios, frente a la Plaza del Avión) en Ciudad Jardín Lomas del Palomar, Pcia de Buenos Aires.

Podés solicitar más datos para participar o presentar tu libro allí: vientoscontrarios@gmail.com