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Mil mujeres han pasado por mi vida ni una menos. Sin embargo estoy seguro, sólo una ha de hacerme falta cuando en hora aciaga la última visita me estremezca con su frío, y me haga por fin, suyo. Suyo seré de la misma manera que tuyo fui antes: sin pensarlo, sin quererlo, sin remedio, tuyo Y sólo tu podrías abrigarme tu que has sido mi alimento, lluvia, tierra fértil, mano, piel, carne encendida. No podré yo rehuirle como no pude de ti escapar Para eso no habrá tiempo y ya he perdido mi suerte Pero tu fuiste la vida ella, apenas, la muerte!
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Pensando estaba
en el poema aquél
que no escribí mas que en tu piel.
Y no recordé que decían
aquéllas letras como caricias
aquéllas caricias como letras
solo (aquél) tu nombre
y el mío
aquél tu fuego
y el mío
aquél tu cuerpo
y el mío
y mi mano
fragua hirviente, hiriente, silente
y mi letra recatada
y mi lengua desatada
grabando en todos
tus rincones
el poema aquél
que no escribí
mas que en tu piel.
Oscar Oliveri, uruguayo, 45 años. Editor profesional de video, especializado en noticias y documentales. Experimenta y aplica tècnicas de simil vitraux desde hace 5 años. Escribe poesías y cuentos. Autodidacta y empirista de la primera hora, sin desdeñar cualquier fuente de informaciòn certera y confiable. |
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