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Del ingrato
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BAR VIRTUDES, 3.30H
Se le veía
acechando el amor
por los bares de la noche:
encaramado en la soledad
- inmóvil como un reptil -
alargaba atribulado los labios
hacia el vaso de gin
y los ojos hacia el escote
más cercano.
Domingo López (Sanlúcar, Cádiz, 1967) ha publicado en prosa, entre otros títulos, "La soledad y nosotros" (Premio Nacional de Narrativa Julio Cortazar, Universidad de la Laguna, Tenerife, 2002), "La lluvia y las rayuelas y otros cuentos" (Colección Monosabio de Narrativa, Ayuntamiento de Málaga, 2003) o "Los años rotos" (Centro Cultural Blas de Otero, S. Sebastián de los Reyes, Madrid, 2005) Como poeta, cabe mencionar los libros "Aquellos trocitos, estas manos" (Ed. Andinas, Cadiz, 1995), "Blues" (Premio Martinez Baigorri de Poesia, Lodosa, Navarra, 2005). Asimismo, ha participado en antologías como "Voces de Extremo: Poesia y Utopía" ( Fundación Juan Ramón Jiménez, Moguer, Huelva, 2004) o "Poética 2005" (Ayuntamiento de Zaragoza, 2005) Asimismo, es autor de obras de teatro breve como "El parapoco", "14 de Abril" o "Cero" (Premio del II Certamen de Minipiezas Teatrales del Taller de Artes Escénicas de Valencia) y teatro infantil y para títeres como "La palabra más hermosa Ha colaborado en numerosas publicaciones como La última canana de Pancho Villa, Serie Un Poema (Oviedo), Radio Etiopía (Cádiz), La bolsa de pipas (Palma de Mallorca), La Poesía Sr. Hidalgo (Tarragona), Sin Embargo (Sevilla), Luz de Gas (Burgos), La hamaca de lona (Madrid), Mensajes en una botella (A Coruña), Caldo de cabezas (Madrid) etc y en revistas y webs de arte y literatura de USA, Latinoamérica y España
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NO A LA GUERRA
Para Nicolás que sigue peleando
Se detuvo
- apoyado en el bastón
ante los bramidos de los cláxones -
en medio del paso de cebra.
Se mantuvo así
digno y firme y cuando la policía
se lo llevaba
- aún con el puño en alto -
volvía la cabeza por si veía
aparecer por fin
la gente, las pancartas
y las banderas.
EL DESOLADO
Madrugó
se aseó en la palangana
hizo un poco de café
salió mordiendo un pedazo
duro de pan
y en la plaza se sentó
junto a otros viejos
que también venían
a coger un poco de sol
y a soltar un rato
- como si fueran perros -
sus soledades.
DESPUES DE TODO
Y sonrió pensando
que las manos vacías valieron
para llenarlas de senos,
de puños en la lucha,
de vasos fraternos de vino,
de otras manos
igualmente encallecidas
y para aplaudir por supuesto
cuando ganaba a veces
el Depor.