MUJER

Transitando las vías de su camino,
llega a reconocer el aleteo de un ave
durante sus sueños de melancolía cristalina
y al suave susurro que emerge desde lo oscuro
del océano en el atardecer.

Aprende a otorgarle una estrella nueva
al destino que cubre su alma
y percibe en su delicada mirada
restos escondidos de cariño maternal.

Se ahoga en lágrimas de miedo cuando el sol se apaga,
es la voz de la sabiduría para los oídos de la primavera
brinda arco iris de fantasía
a las flores de un bosque encantado.

El tiempo, deja de serlo,
mientras su piel suave y desnuda
se derrama y entrega a la brisa que la llevará,
a esa mujer del suave corazón estremecido,
a recorrer el naciente sendero,
para convertirse en amor,
en pétalos de rosa encantados por sus ojos.

 

 

 

11

 
 

 

 

 

SOLEDAD

Sin nada
recorro las oscuras
aceras del silencio,
busco entre las sombras
aquello que nunca llega,
un destello surge
de una extraviada mirada.
Un álamo me encierra
entre sus duros brazos
y una laguna intenta
alimentar su sed con mi sangre.
Encuentro a la primavera esclavizada
y al viejo otoño escupiendo
hojas marchitas al olvido.
Una escalera
me conduce al precipicio
que tiene fin en la frontera
de la paz imperturbable.
Al correr, mi alma salta
hacia un océano de milagros
rogando encontrar
una caricia de la luna.
El eco responde a
mis llamados de lamento
y el invierno me anuncia
una soledad inmortalmente
cristalizada en mis lágrimas..

 

 

 

 

 

PASIÓN

Las venas se estremecen.
Las manos petrificadas buscan su destino.
Las miradas del horizonte penetran en el silencio.
Entre las sombras y la nada
se esconden rasguños sin voz y caricias al viento.
El cuerpo se eleva, cae y se desarma
renace en una ilusión de placer y locura
se pierde en las tinieblas del olvido.
Sus labios murmuran angustias.
El sol se hunde en las llamas del infierno,
la paloma vuela llorando su melancolía.
Las almas se entrelazan como raíces eternas
y se entierran en su lecho de traición.
La piel se endurece, se calienta,
suaviza, enfría y ruboriza.
La noche observa, etérea,
cuando los amantes
emiten sus últimos quejidos
al cubrirse con gotas de sudor
que ahogan sus sentimientos.

 

 

 

 

Soy Darío Machado. Nací el 15 de noviembre de 1988 en la ciudad de Olavarría, provincia de Buenos Aires, Argentina. Participé durante 8 años en el Taller Literario Alfonsina a cargo del escritor Aldo Rosa. En 2004 publiqué, junto a Silvia Rodríguez, el libro de poemas “Lazos de Fuego y Sangre”. Actualmente estudio Comunicación Social en la Facultad de Ciencias Sociales de la Ciudad de Olavarría.